69 mujeres comparten un propósito: construir paz desde los territorios, y dar voz a las supervivientes de violencia.
“Cuando una mujer puede reconocer una situación de violencia y cuenta con un entorno que no la revictimice, sino que la acompañe, sabemos que ya es un paso significativo” Lissett reflexiona luego del taller recibido por el proyecto de Naciones Unidas Construimos Paz, ella trabaja diariamente con mujeres en situación de vulnerabilidad y estas herramientas le han permitido empoderar cada uno de los procesos levantados.
Lissett, en conjunto con 69 mujeres más representantes de instituciones locales y de organizaciones de la sociedad civil comparten un propósito: construir paz desde los territorios, darles la voz y rostro a quienes han sido supervivientes de violencia, a quienes impulsan el desarrollo en sus comunidades. El objetivo es que más mujeres defensoras, niños, niñas y adolescentes, sigan tejiendo un mundo mejor, más humano y justo, transformen su entorno y sean protagonistas de la reconciliación.
A lo largo de este proceso formativo, los servicios esenciales de primera línea, encargados de atender a las personas afectadas por situaciones de violencia, encontraron nuevas fortalezas. Fue un espacio de aprendizaje, reencuentro que les permitió no solo optimizar su labor, sino también consolidarse como pilares fundamentales para la recuperación integral y el bienestar de toda una sociedad.
Lissett Plúas: “No estoy arando en el mar. Estamos trabajando de a poco y lo que hacemos se va a replicar en el futuro”
En un cajón de su oficina, un espacio blanco y pequeño, en un edificio del centro de Guayaquil, Lissett Plúas guarda un helado de plastilina. Lo hizo en la capacitación impartida por Construimos Paz, cuando una de las instructoras le pidió representar un momento de crisis. Cuando ella tiene uno, piensa en un helado que la conecta con su infancia y con las posibilidades de encontrar una solución.“Esto me ha ayudado a hacer primeros auxilios psicológicos”, dice Lissett.
Cada vez que atiende a una víctima y esta le cuenta sus miedos y angustias, Lissett se detiene y le plantea ciertas preguntas: ¿Qué sientes? ¿Dónde lo estás sintiendo? Luego, le da una plastilina, una hoja, una crayola y le pide que se conecte con una solución. Este mecanismo es parte de la posibilidad de sostener procesos, pues cuando las víctimas están solas en casa, sin poder hablar de lo que les ocurre se acuerdan “cómo encontrar una solución”. Entonces, dibujan, amasan o pintan.
Lissett cuenta que desde que empezó a trabajar en este programa contra la violencia basada en género ha visto cómo se ha incrementado la violencia extrema: abusos infantiles, intentos de femicidios, violaciones. La mayor parte de estos casos llegan en flagrancia, pues este programa del Municipio de Guayaquil trabaja de manera directa con la línea 911, de la Policía Nacional.
“Las familias vienen con situaciones muy fuertes”, dice y reconoce que han desarrollado estrategias de equipo para manejar las cargas entre la psicóloga y el abogado del programa del Municipio. “El curso nos dio bastante material de lectura para poner en práctica en el día a día”.
Como parte del proceso que se desarrolló en las capacitaciones, Lizeth logró reconocer a otras organizaciones que trabajan en violencia basada en género, lo cual considera fundamental para articular esfuerzos, pues, “las organizaciones que trabajamos en temas de violencia sabemos que sí o sí hay que articularse para evitar la revictimización y gestionar de mejor forma todo lo que tenemos a nuestro alcance”.
También detectó la importancia de trabajar en prevención. Piensa que si una niña sabe que su cuerpo es su espacio y lo reconoce como tal, ya es un granito de arena para cambiar una posible situación de violencia. Con que una mujer reconozca una forma de violencia donde antes no veía nada, ya puede tomar otras decisiones. Con que una familia deje de callar cuando hay una forma de violencia, es un granito de arena. “Este es un trabajo en el que no estoy arando en el mar, porque cada persona lo va a replicar en su entorno”, dice Lissett.
Considera que el futuro “no es solamente prevenir con las víctimas, sino también con todo su entorno, en las comunidades, en las actividades de las escuelas porque empezar desde los más chiquitos es lo más importante”.
Carmen Vásquez: “Acompañamos procesos de transformación de vida de infancias y adolescencias”
La atención a niños y niñas desde el arte, el trabajo con adolescentes y reinserción escolar o refuerzo académico deriva, cada vez con mayor frecuencia, en focos que requieren de atención, como la violencia. Para Carmen Vásquez ha sido vital trabajar en la formación de ‘Construimos Paz’ porque a ella y a su equipo, les ha dado herramientas para acompañar mejor cada caso. “Hacemos prevención y derivación de casos, de manera artística, podemos ejecutarlo en el territorio y este proceso formativo nos ha dado herramientas claves para trabajar”, dice Carmen.
Carmen cuenta que cuando se enfrenta a casos de adolescentes en riesgo, que han dejado sus estudios y que se encuentran en peligro por situaciones de violencia, examinan juntas qué hacer y en base a las necesidades de la adolescente, priorizar las acciones.
“Cada persona debe decidir qué necesita, hacia dónde quiere ir”. Esto es vital en un territorio marcado por la violencia, en el que no solo se requieren de herramientas para evaluar el riesgo de las personas beneficiarias, sino también el de cada una de las trabajadoras que acompaña los distintos casos.
Las herramientas que aprendió en ‘Construimos Paz’ le han permitido distinguir los tipos de violencia y determinar acciones. “Eso para mí ha sido lo más significativo en situaciones complejas para canalizar cada circunstancia”. Durante este tiempo de trabajo humanitario, Carmen ha aprendido que cada caso tiene una particularidad y que más que cambiarle la vida a alguien, lo que hacen es acompañar nuevos planteamientos para un proyecto de vida.
“Fortalecimiento de capacidades de los servicios esenciales de primera línea a sobrevivientes de violencia” fue desarrollado por el proyecto ONU “Construimos Paz” a través de ONU Mujeres con el apoyo del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM).
Leyenda: Equipo facilitador y parcitipante de Construimos Paz en Guayaquil
El proyecto “Capacidades para la paz, la seguridad y la reducción de las violencias en Ecuador – Construimos Paz” está financiado por el Fondo de Consolidación de Paz del Secretario General de Naciones Unidas y busca fortalecer las capacidades institucionales y de la sociedad civil, a nivel nacional y local; para la prevención y gestión de la conflictividad social, la construcción de la paz, y la erradicación de las violencias, desde un enfoque de género y de derechos humanos. Es implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, (PNUD) la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres) y la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC).